“Todas Mis Cosas son Tuyas” (Lucas 15:1-32)

23 Oct

Él entonces le dijo: Hijo, tu siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. (Lucas 15:31)

¿Conoces la historia del hijo pródigo? Muy posiblemente la hayas escuchado. Es la historia de un padre de familia y dos hijos, pero uno de ellos (el menor) un día, arrebatado, le pidió a su padre que le diera por adelantado la parte de la herencia que le correspondía, y el padre se la dio.

La cosa fue que el hijo no cogió precisamente esa herencia para hacer negocios y ser de ayuda para su padre, sino todo lo contrario. Se fue lejos y se malgastó el dinero con prostitutas, trago, rumbas after-party, mejor dicho: viviendo perdidamente. Total, al final el dinero se le acabó, terminó mendigando hasta lo más bajo, padeció de hambre, tanto que aún deseaba comer de lo que comía los cerdos que él cuidaba, pero no le daban.

Y bla, bla, bla, bla, todos conocemos la historia. Volvió en sí, decidió regresar a su padre arrepentido, su padre le amó, le abrazó y restauró su dignidad en señal de perdón. ¿Cómo no estarlo? El hijo que creía muerto, dio señales de vida, por fin maduró el carajito. PERO no todos en esta película estaban felices.

El hermano mayor, el que siempre ha estado allí con su padre, trabajando como negro, obedeciendo en todo, se quejó, se molestó en gran manera. Pues sentía que el padre le estaba alcaguetiando a su hermano eso que hizo. ¿No tiene razón ese hombre? Sabes…… no.

Porque realmente, la motivación del hermano mayor no fue por haberle alcaguetiado a su hermano menor, sino que se sentía menos amado que el otro, porque su padre no le había hecho fiesta y ni le había dado regalos para disfrutar con sus amigos en casa de su padre. Y he aquí viene la enseñanza del día…

“…Todas Mis Cosas son Tuyas”

Esas fueron las palabras del padre, y ciertamente las palabras de Papito Dios para nosotros. Si usted está en comunión con Dios, le es fiel a su palabra, y le ama de corazón; no se queje si ve prosperar a otro, o si ve la injusticia en la vida de otros que no haciendo lo recto también prospera y usted no. Porque si así se queja usted, es porque no ha entendido cual es su posición como HIJO DE DIOS que tiene usted por derecho, al haber recibido a Cristo en su corazón, una vez y para siempre.

Papito Dios quiere bendecirle, y muy seguramente lo hace todos los días. Pero no tome comparaciones que no contribuyen a nada bueno. Antes bien, recuerde que si le pide con amor y sabiduría a Papito Dios lo que anhela, él se lo concederá. El rey David lo dijo en otras palabras en uno de los salmos: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4).

Hoy quiero que te sientas hijo de Dios, sino no lo sientes así, dile a Papito Dios: Señor, hoy quiero sentirme tu hijo, amado, que sepa yo disfrutar de tu presencia y amor de Padre, hoy y siempre. Amén.

Dios les bendiga, hijitos de Dios.

Jesus Eduardo Rico Vargas

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