Dios usa tu debilidad

2 Sep

Dean Register
Pastor de la Iglesia Bautista
Temple, Hattiesburg, Mississippi

Dios puede utilizar tus debilidades.  Dios no se asombra de tus fuerzas.  El explicó a través de Zacarías que el secreto “No es con ejército, ni con fuerza,  sino con Mi espíritu” (Zac 4:6).
Le recordó a Pablo que el evangelio había sido confiado a la frágil humanidad para mostrar que el poder del evangelio viene de Él y no de nosotros (2 Cor. 4:7)
En una ocasión escuché a un hombre herido dar su testimonio. Su rostro estaba  contraído. Caminaba con dificultad y se babeaba. Tras acomodarse con gran dolor dijo: “Esta es mi historia, una historia sobre la fuerza de Dios en mi debilidad”.

Importantes predicadores lideraban esa conferencia, pero no recuerdo lo que dijeron. Sin embargo, la cara y el testimonio de ese hombre están adheridos a mi alma desde hace 15 años.
Muchas veces me he maravillado de cómo Jesús podía usar mis carencias para Su gloria.
He descubierto que El se goza al transformar nuestras debilidades en Sus tesoros.
Su fuerza es suficiente. No experimentaremos un caminar profundo con Cristo hasta que hayamos entendido lo frívolo que son nuestros actos y confiemos en Su poder.

La fuerza de Dios es siempre y absolutamente suficiente,  en ella podemos confiar plenamente. Pablo descubrió que nuestras debilidades y limitaciones nos llevan a confiar en Jesús (2 Cor 12:8). Pablo no se ocultaba tras pobres pretextos, sino que reconocía su frustración carnal y la incapacidad causada por su misterioso “aguijón”.  Pablo aprendió tras duras batallas que el camino a seguir era sobre sus rodillas y en estrecha dependencia de Cristo.

El poder de esta verdad me confrontó mientras predicaba en una reunión evangelística.
Una hora antes del culto tuve nauseas.  El pastor anfitrión percibió mi palidez. Mi fiebre aumentaba. Me sentía descompuesto, incapaz de mantenerme de pie y mucho menos predicar.   Después de unos minutos de un esfuerzo para comunicar el evangelio,  abruptamente hice el llamado de invitación.  El pastor se adelantó para recibir a los que harían su compromiso con Cristo.  Me disculpé, bajé del púlpito, salí por la puerta del costado y me desplomé sobre un cantero de flores.  Los diáconos me llevaron de urgencia al hospital.
El diagnóstico fue infección renal complicada por una virosis.   Me pusieron suero y un par de inyecciones.  Me sentía abochornado.
“Dios se movió de una forma poderosísima esta noche”, me dijo el pastor mientras palmeaba mi mano y percibía mi perplejidad. “Dieciséis personas aceptaron a Jesucristo”,  agregó para luego preguntarme si me podía volver a enfermar la noche siguiente.
Reímos,  pero la cruda verdad del poder de Dios obrando a través de mi debilidad me conmovió.   A Dios le agrada tomar nuestros bochornos e iluminarnos con Su gracia. “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”, dice Pablo (2 Cor. 12:10).

Fortaleza a través de la humildad
El Señor también usa nuestras debilidades porque ellas pueden guardarnos de nuestra arrogancia espiritual.
Pablo vio una razón para ello. Dios le había dado revelaciones de su plan divino.  Lo había dotado para ser un líder visionario, un misionero pionero y un predicador poderoso.  Pero Pablo también había recibido un aguijón. Se ha especulado durante siglos acerca de la naturaleza de la enfermedad de Pablo.
El factor más importante, no obstante, no es identificar el aguijón que lo afligía, sino
comprender cómo lo puso ante Cristo.
El aguijón hizo que Pablo se aferrara a la gracia de Dios.
Los aguijones lastiman nuestros egos y desinflan nuestro orgullo.

Sirven como herramientas de humildad, empleadas por la Gracia de Dios para nuestro bien y para Su gloria.

Fortaleza para el futuro
Una tercera forma de cómo Dios usa nuestra debilidad es cuando alivia nuestras heridas. No se ha preguntado: “¿Cuál es el propósito de Dios para mis heridas? Quienes no desnudan sus cicatrices probablemente están sumidos desde largo tiempo en la apatía. Los ministros más eficaces son quienes han sentido la sutura de Su gracia deslizándose a través de sus heridas y ahora tienen cicatrices que lo demuestran.

Charles Colson fue uno de los hombres más poderosos en Washington, D.C. durante la
Administración Nixon.   Era un abogado exitoso y una presencia de fuste en el gabinete, pero fue enjuiciado y sentenciado a reclusión en una prisión federal por su participación en el Caso Watergate.
Ahora Dios lo usa de manera poderosa para llevar el evangelio a cientos de prisiones. Tras contemplar sus propias cicatrices, Colson dice: “Dios usa para Su gloria el único fracaso de mi vida, la única cosa de la que no me puedo vanagloriar. Nuestro Dios soberano trabaja a través nuestro, como quiere, en una manera que puede parecer contraria a la sabiduría humana”.
¿Ha considerado que la mayor tarea de Cristo para nuestra redención ocurrió en el peor día de Su vida?

Su trabajo más productivo en el ministerio puede generarse en el día que sufrió su peor jaqueca.   Pablo explica que Jesús nos consuela “en todas nuestras tribulaciones para que podamos también nosotros consolar a quienes están en cualquier tribulación” (2 Cor. 1:4).

A menudo revestimos nuestras debilidades de autocompasión en vez de rendirnos ante Su estrategia.
A veces su estrategia es extraña, pero siempre tiene un objetivo.

Una respuesta to “Dios usa tu debilidad”

  1. carmen enero 31, 2011 a 1:03 pm #

    Este artículo referido al poner ante Dios nuestras debilidades, me ha ayudado muchisimo para poder comprender la razón por la que a pesar de haber batallado contra ellas no lo he logrado, no me refiero a pecados pero si a cosas que no consigo hacer bien y creo que por mi orgullo humano he querido hacer en mis fuerzas. Este punto es tan profundo y no muy tocado, y me alegra sobremanera que se hable de esto pues al no heberlo tomado en cuenta llegó a convertirse en una piedra de tropiezo en mi comunion con Dios.
    Que Dios siga inspirandolos para escribir guiados por El.
    Muchas bendiciones. Carmen

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